4acuerdosLOS 4 ACUERDOS

Sabiduría Ancestral
De acuerdo a Miguel Ruiz, su libro: Los 4 Acuerdos nace de la sabiduría del pueblo Tolteca. Los toltecas eran un pueblo precolombino del sur de México, conocido por tener una cultura científica y artística. El pueblo Tolteca formó una comunidad de maestros llamados naguales, humanos que tenían el poder de transformarse física o espiritualmente. A lo largo del tiempo, los naguales conservaron su conocimiento a manera de un secreto para que no sea mal utilizado por aquellos que no estaban preparados para usarlo, entre estos sus 4 acuerdos.

La historia cuenta que un muchacho, que quería aprender el conocimiento ancestral, tuvo un sueño en el que se dio cuenta de que estaba hecho de la misma luz que tienen las estrellas. Vio que la luz y la materia de las estrellas eran dos elementos diferentes. A las estrellas las llamo tonal y a la luz que emiten las llamo nagual. Se dio cuenta que existe un espacio entre las estrellas y su luz y que esta materia es simplemente un espejo que refleja luz, por lo que ese reflejo es la vida o intento.

Esta visión cambió su vida porque pudo verse a sí mismo en todos los seres humanos y en las creaciones de la naturaleza. Su misma luz era la luz de los seres del mundo (por eso la creencia de que los naguales tienen el poder de transformarse en animales). El muchacho afirmó que todos somos iguales. Somos imágenes de luz. Para no olvidarse de su sueño, se autonombro: “espejo humeante”. Se dio este nombre porque pensaba que a pesar de ser un reflejo de luz (espejo), la mayoría de personas no lo podría reconocer de esta manera (ni reconocer que somos iguales) por el “humo” que hay entre los seres. A ese “humo” lo conocen como “el sueño de la sociedad”.

La domesticación

Todo lo que hacemos lo aprendimos en algún momento y está en nuestro cerebro sea consciente o inconscientemente. De acuerdo a Ruiz: “aprendimos a cómo comportarnos en sociedad: qué creer y qué no creer; qué es aceptable y qué no lo es; qué es bueno y qué es malo; qué es bello y qué es feo; qué es correcto y qué es incorrecto.” El entorno en el que nacemos “capta nuestra atención y nos enseña qué creer, empezando por el lenguaje que hablamos.” A este proceso Ruiz lo llama: domesticación. La domesticación de la sociedad ha pasado de generación en generación y muy pocas personas se cuestionan la validez o no de las creencias que nos implantan. Por el contrario, la mayoría de personas viven como víctimas, en especial de su pasado y circunstancias; y siguen contribuyendo a que las creencias sociales se perpetúen. A estas creencias colectivas, Ruiz las describe como “el sueño de la sociedad”. “Si comparamos el sueño de la sociedad humana” dice Ruiz, “con la descripción del infierno que las distintas religiones de todo el mundo han divulgado, descubrimos que son exactamente iguales. Las religiones dicen que el infierno es un lugar de castigo, de miedo, de dolor y sufrimiento, un lugar donde el fuego te quema. Cada vez que sentimos emociones como la cólera, los celos, la envidia o el odio, experimentamos un fuego que arde en nuestro interior.”

Nos castigamos con nuestras creencias (o acuerdos que hemos hecho con nosotros mismos) al pensar que no somos lo suficientemente buenos. Sentimos miedo de ir por nuestros sueños, particularmente lo que Ruiz denomina el “sueño personal” que es aquel por el que probablemente nos encontramos en el planeta. Sentimos dolor de no poder alcanzar lo que queremos y sufrimiento por cualquier situación que nos entristezca. Sin embargo, hemos desarrollado una fuerte confianza en nuestras creencias limitantes o “sueño de la sociedad”; y esto hace que no podamos disfrutar plenamente de nuestras vidas. Envés de vivir felices, pensamos que buscamos la felicidad. Envés de vivir la verdad, pensamos que debemos buscar la verdad. Ruiz dice “no hay ninguna verdad que encontrar. Donde quiera que miremos, todo lo que vemos es la verdad, pero debido a los acuerdos y las creencias que hemos almacenado en nuestra mente, no tenemos ojos para verla”.

 

Primer Acuerdo: Sé impecable con tus palabras

Tus palabras son una forma de representar tus pensamientos y sentimientos. Son una forma de expresar quién eres y cómo actúas. Si dices que algo “se ve bueno” versus “se ve delicioso”, la forma en la que te sientes de ese algo es distinta. Decir: “soy inteligente” versus “soy un genio”, tiene distintas connotaciones.

Sin embargo, no nos damos cuenta del poder de nuestras palabras y las usamos de manera suelta. Por ejemplo, si hacemos algo y nos sale mal, probablemente nos decimos: “¡qué tonto que soy!” Generalmente no nos decimos: “¡seré mejor la próxima vez!” Si un hijo o ser querido está gritando de la emoción y nosotros estamos cansados, inmediatamente le decimos: “cállate” muchas veces seguido de: “tienes una voz tan chillona” No le decimos, “qué fuerte voz que tienes, grita en otro lado”

No nos percatamos que la mente humana es como un campo fértil en el que continuamente se plantan semillas. Esas semillas son nuestros pensamientos representados por nuestras palabras. Al decirnos tontos, plantamos semillas que nos harán creer que somos tontos. Al decirle un hijo o ser querido que se calle porque tiene una voz chillona, le haremos creer que en verdad tiene una voz chillona y probablemente después no le gustará hablar ni cantar en público. Esto, de acuerdo a Ruiz, es un pecado.

Un pecado es un acto malo o la omisión con culpabilidad de un accionar bueno. Cualquier cosa que hagas que sea mala para ti o que vaya en contra de ti es un pecado. Ser “im-pecable” con tus palabras, significa no pecar con tus palabras. Es decir, no usar tus palabras en contra tuya y en contra de tus seres amados. Por ejemplo, dice Ruiz, si veo a alguien en la calle y le grito: estúpido, también estoy pecando contra mí; porque al decirle eso, esa persona tendrá irás conmigo, probablemente me odiará, y ese odio no es bueno para mí. Si esa persona es un ser querido, y me cree, probablemente pensará que es estúpido y le habré hecho algo muy malo en su vida.

Una de las formas más comunes en las que pecamos con nuestras palabras es a través de los chismes. Contar chismes, de acuerdo A Ruiz, se ha convertido en la principal forma de comunicación de la sociedad humana. Un chisme es información sin fundamento. Muchas veces, creemos chismes y actuamos de acuerdo a lo que escuchamos sin parar a considerar la validez de la información. Esto es un problema a gran escala cuando consideramos que si la mayoría de personas en el mundo chismorrean y todos actúan en base a chismes, los chismes son como un virus informático que afecta a la conciencia social (u ordenador del mundo). Este es el “humo” o “sueño de la sociedad”.

Si adoptamos el primer acuerdo, es decir, si somos impecables con las palabras, seremos conscientes de que cualquier cosa que digamos tendrá gran un efecto positivo en nuestras vidas. Este efecto puede ser interno o externo, pero de cualquier forma cultivará nuestra mente para que no acepte información que no sea impecable. Nuestra mente rechazará los chismes y la información mal fundada y promoverá el amor y los sentimientos de bienestar y esperanza. Ser impecable con la palabra potenciará el crecimiento personal y el de tus seres más cercanos. Te hará inmune a las palabras que vayan en contra tuyo y sembrará felicidad en tu mente.

 

Segundo Acuerdo: No tomes nada personalmente

Si alguien te llama estúpido sin conocerte y eso te molesta, estarás llegando a un acuerdo de aceptar esa afirmación. El veneno de lo que escuchaste correrá por tus venas y acabará dándote un mal momento. Tomarse las cosas personalmente es la expresión máxima del egoísmo. ¿Cómo puedes dejar que una frase de alguien que no te conoce te afecte? Es evidente que esa frase es una representación de lo que es esa persona y no de lo que tú eres. De acuerdo a Ruiz: “nada de lo que los demás hacen es por ti. Lo hacen por ellos mismos.”

Incluso en este caso de un insulto directo, las palabras de otra persona responden a su educación a su cosmovisión de la vida, al margen de lo que tú les puedas o no haber hecho. El egoísmo de pensar que todo va dirigido en contra tuyo, no te permitirá ser feliz plenamente. Por esto, “no te tomes nada personalmente porque si lo haces, te expones a sufrir por nada. Los seres humanos somos adictos al sufrimiento en diferentes niveles y distintos grados; nos apoyamos los unos a los otros para mantener esta adicción”.

Cuando descubres y aceptas esta idea de que cada persona tiene sus propios acuerdos para su accionar diario, y que estos no son tus acuerdos, entonces podrás vivir tranquilo y feliz. “Cuando te sientes bien, todo lo que te rodea está bien. Cuando todo lo que te rodea es magnífico, todo te hace feliz. Amas todo lo que te rodea porque te amas a ti mismo, porque te gusta cómo eres, porque estás contento contigo mismo, porque te sientes feliz con tu vida”. De esta forma, dejarás de esperar de otros o de confiar en otros para tu felicidad. Será suficiente confiar en ti mismo, en quien eres y en tus capacidades. Sabrás que no eres responsable de los actos de los demás, solo de los tuyos.

 

Tercer Acuerdo: No hagas suposiciones

“Siempre es mejor preguntar que hacer una suposición.” El sueño de la sociedad o las normas sociales han hecho que los seres humanos traten de interpretar todo lo que sucede en base al ego. Esto, a su vez, genera un enorme caos que nos lleva a interpretar de forma errada la mayoría de cosas que suceden a nuestro alrededor.

Un ejemplo que plantea Ruiz: vas caminando y ves que una persona que te gusta se regresa, te sonríe y después se aleja. De esta sonrisa puedes interpretar muchas cosas. Hay personas que se preguntarán si fue un coqueteo, o fue cinismo, o hasta otros que planifican su boda con esa persona, todo por simplemente asumir el significado de una sonrisa.

Hacemos suposiciones de todo, inclusive sobre nosotros mismo. Suponemos que podemos algo o que no lo podemos; es decir, nos valoramos o subvaloramos. Suponemos que nos merecemos algo o que no; es decir, limitamos nuestro valor. Este tipo de suposiciones escalan a todo nivel. Por ejemplo, desde nuestra cosmovisión, suponemos que nuestras parejas nos entienden lo que les queremos comunicar y nos enojamos si no lo hacen. Suponemos, por ejemplo, que es evidente que un amigo que se quede a dormir en tu casa debe tender la cama, porque así fuimos criados. Y nos enojamos si no lo hace. Pero esta suposición nos hará pasar un mal rato porque puede ser que en su familia que un invitado haga su cama era señal de falta de confianza.

Las suposiciones no son constructivas. Es mejor hablar claramente, sin tomar nada personal y siendo impecable con las palabras. De esta forma podremos encontrar las verdaderas razones detrás de los hechos por los que hacemos suposiciones y vivir en armonía con el resto de personas.

 

Cuarto Acuerdo: Haz siempre lo máximo que pueda

Este acuerdo permite que las cosas buenas se conviertan en mejores y que ante cualquier dificultad siempre nos sintamos bien por haber dado lo mejor de nosotros mismo. Todas las cosas cambian constantemente y muchas veces nos estresamos por cumplir objetivos que nos hemos planteado y que están fuera de nuestro alcance. Ruiz dice que para conseguir paz y felicidad, independientemente de los resultados, debes hacer lo mejor que puedas en todo, ni más, ni menos.

“Cuando te excedes, agotas tu cuerpo y vas contra ti, y por consiguiente resulta más difícil alcanzar tus objetivos. Por otro lado, si haces menos de lo que puedes hacer, te sometes a ti mismo a frustraciones, juicios, culpas y reproches”, dice Ruiz. Dar lo máximo en cada momento o hacer lo mejor que puedas, te permitirá vivir plenamente, con intensidad, entregarte con amor a tus tareas, a tu familia, a tu comunidad y disfrutar de tus acciones.

La acción ganará siempre a todos los deseos o ideas. Ruiz cita el ejemplo de Forrest Gump, una persona que a pesar de no ser muy inteligente, simplemente accionaba y daba su máximo esfuerzo en todo lo que hacía. Gracias a esta inclinación por hacer las cosas, Gump dejo una gran marca en todo lo que estuvo involucrado.

Cuando haces lo máximo que puedes, caerse no importa. No hay porqué juzgarse. No hay víctimas de las circunstancias. No hay cabida para el estrés y las frustraciones. Todo fluye con amor en el presente. En todo lo que tocamos dejaremos una huella de haber dado lo máximo que pudimos.

Camino a la libertad y el nuevo sueño: Rompe viejos acuerdos y encuentra el cielo en la tierra Para ser feliz debe sentirte libre. Para ser completamente libre, debes cuestionar todas tus creencias actuales. Si lo que crees no es productivo o bueno para ti, deséchalo. Por el contrario, si tu creencia te llena de amor y felicidad, cultívala. Si tienes heridas emocionales, cúralas. Es más fácil decirlo que hacerlo pero generalmente, las heridas emocionales se curan con el perdón. Perdonando a todos los que crees que se han portado mal contigo, no porque ellos se merezcan tu perdón, sino porque debes sentir tanto amor propio que no aceptas mantener rencores ni heridas emocionales en tu corazón, te liberarás y podrás ser feliz.

Ruiz habla del camino Tolteca hacia la libertad, porque los toltecas tienen un plan para liberarse de la domesticación.

“Existen tres maestrías que llevan a la gente a convertirse en toltecas. La primera es la Maestría de la Conciencia: ser conscientes de quienes somos realmente, con todas nuestras posibilidades. La segunda es la Maestría de la Transformación: cómo cambiar, como liberarnos de la domesticación (utilizar nuestra mente y cuerpo para vivir nuestra vida envés de la vida de nuestro sistema de creencias). La tercera es la Maestría del Intento: desde el punto de vista tolteca, el Intento es esa parte de la vida que hace que la transformación de la energía sea posible; es el ser viviente que envuelve a toda la energía, o lo que llamamos ‘Dios’. Es la vida misma; es el amor incondicional. La Maestría del Intento es, por lo tanto, la Maestría del Amor.”

La decisión de adoptar los 4 acuerdos es, de acuerdo a Ruiz, “una declaración de guerra” para terminar con el dolor emocional, disfrutar de tu vida, y empezar un nuevo sueño. Los acuerdos son un peldaño en el aprendizaje del arte de la transformación de romper los acuerdos limitantes y crear acuerdos potenciadores de vida, de energía, de amor, de luz. “La felicidad, igual que el sufrimiento, es una elección… podemos elegir entre sufrir nuestro destino o disfrutar de él, entre sufrir o amar y ser feliz, entre vivir en el infierno o vivir en el cielo.”

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